lunes, 15 de agosto de 2011

ENFERMEDAD DE PARKINSON


Enfermedad neurológica que se caracteriza básicamente por una reducción muy importante de la dopamina (neurotransmisor) en el cuerpo estriado, una zona del cerebro encargada del control de los movimientos de todos los músculos (de los brazos, piernas, de la deglución, de la voz, etc.). Esta reducción se produce como consecuencia de la degeneración y muerte de las neuronas que producen dopamina en la sustancia negra.
La enfermedad de Parkinson afecta a 1 de cada 1.000 personas y a más del 1% de la población por encima de los 55 años. En España se calcula que puede haber cerca de 100.000 personas con Parkinson.
Su etiología es desconocida y, por tanto, no se sabe cómo prevenirla. La padecen por igual hombres y mujeres y no conoce fronteras sociales, económicas ni geográficas. La edad promedio de inicio de los síntomas es de 60 años.La enfermedad de Parkinson no es contagiosa ni hereditaria y sólo un 10%-15% tiene algún familiar con esta enfermedad. No es una enfermedad exclusiva de personas mayores (el 30% de quienes la presentan tienen menos de 65 años) y tampoco es una enfermedad mortal (la esperanza de vida de estas personas es prácticamente igual a la de la media nacional).

¿Cuáles son los síntomas?
Los síntomas iniciales son sutiles, paulatinos y muy variados. Son síntomas iniciales frecuentes el dolor en el cuello, hombros o en las extremidades. Algunos pacientes se sienten cansados, abatidos o con malestar general. Otros pueden notar que hablan con una voz excesivamente baja o que han comenzado a escribir con una caligrafía apretada e irregular. Además, durante las fases iniciales estas personas pueden sentirse irritables o deprimidas sin razón aparente. A veces son los amigos o los familiares los primeros en darse cuenta de algunos síntomas: como la falta de expresión y animación de la cara (“cara de máscara”), la permanencia en cierta posición durante un largo periodo de tiempo o los movimientos anómalos de un brazo o una pierna.
Los síntomas característicos de la enfermedad de Parkinson son:
Temblor de reposo. Predomina en reposo y cuando la persona está en tensión y disminuye al hacer un movimiento voluntario. Puede afectar sólo a una parte del cuerpo y posteriormente suele hacerse más general. El temblor clásico de la enfermedad de Parkinson es regular y rítmico.
Rigidez. Resistencia a mover las extremidades. Los músculos siempre están tensos o contraídos. Esta rigidez aumenta durante el movimiento, al igual que cuando se le pide al paciente que mueva el otro miembro. La rigidez causa dolor y dificulta la marcha y cualquier otro movimiento, contribuyendo en las fases avanzadas al desarrollo de contracturas musculares.
Bradicinesia o acinesia. La bradicinesia hace referencia a la lentitud de movimientos voluntarios y automáticos. Este síntoma genera mucha frustración en el paciente porque su aparición no es fácil de predecir. Casi de forma repentina estas personas pasan de moverse con facilidad a necesitar ayuda. Es probablemente el síntoma más incapacitante. Ocasiona la típica cara inexpresiva, con disminución del parpadeo y ralentización de la voz, la deglución y la masticación y dificultades para actividades cotidianas como vestirse, afeitarse o comer. Cuando progresa se hacen muy difíciles movimientos tan sencillos como darse la vuelta en la cama.
Trastornos de la marcha. Al cabo de 5-10 años de evolución, la mayoría de los pacientes muestran alteraciones de la marcha, que se caracterizan por:
Una disminución de la zancada que produce una marcha en pequeños pasos
Tendencia a un aumento de la velocidad de los pasos y disminución de su longitud, con la típica marcha “en carrerilla”, que puede producir la caída hacía delante de la persona
Congelamiento o bloqueo de la marcha con los giros o al paso por sitios angostos, como pasillos, puertas, etc.
Periodos de congelación de la marcha por situaciones de estrés
Mejoría muy significativa de la marcha con estímulos externos, especialmente con referencias visuales.
Otros síntomas acompañantesDepresión, trastornos del sueño, cambios emocionales, dificultad para tragar y masticar, problemas urinarios o de estreñimiento y alteraciones cutáneas.

¿Cómo afrontar el diagnóstico?
El diagnóstico de una enfermedad crónica y progresiva, como es la enfermedad de Parkinson, suele acompañarse de sentimientos iniciales de incredulidad y negación, “no es posible”, que suelen conducir a la búsqueda de la opinión de varios especialistas; tras esa fase inicial suele producirse una siguiente de enfado y enojo (¿por qué yo?), que posteriormente suele encauzarse en una aceptación gradual de la enfermedad. No todas las personas se comportan de esta manera; hay otras que aunque parecen aceptar la enfermedad no tienen la voluntad de conocer los problemas asociados y de realizar los ajustes necesarios en su vida.
Algunas de las muchas dudas y temores que esta enfermedad plantea a quienes la padecen son:
¿Cómo afectará a mi vida?¿Cuándo interferirá la enfermedad con mi trabajo?¿Me permitirá seguir manteniendo mi nivel económico?¿Podré cumplir mi papel de padre/madre, esposo/esposa, etc.?¿Con qué rapidez progresará?¿Qué opciones de tratamiento existen? ¿Quedaré inválido?
Cuando la enfermedad de Parkinson progresa las personas que la padecen y sus familiares pueden tener dificultades para realizar las adaptaciones psicológicas que la nueva situación demanda, mostrando un grado importante de ansiedad, preocupación constante por el propio cuerpo, aislamiento social, incapacidad para tolerar la frustración, depresión, etc.
Aunque obliga a realizar cambios y adaptaciones, no se debe olvidar que muchas personas con enfermedad de Parkinson llevan una vida satisfactoria. Si se consigue mantener una actitud positiva en las situaciones a las que tendrá que hacer frente, su calidad de vida será mejor.
La persona con enfermedad de Parkinson debe aprender a priorizar y reestructurar sus objetivos y expectativas. Después de haber recibido suficiente información sobre la enfermedad, cada persona debe decidir, tras una valoración inicial minuciosa, qué aspectos de su vida considera más importantes, qué cosas debe ajustar y cuáles son las que debe cambiar completamente. Aunque muchas personas no tienen que hacer cambios laborales ni de sus hábitos cotidianos durante las fases iniciales de esta enfermedad, negarse a hacerlos cuando la sintomatología haya aumentado genera mucha frustración.

¿Cuál es el tratamiento?
Todavía no existe ningún tratamiento que consiga la curación de la enfermedad de Parkinson, pero existen fármacos que suelen producir un control de los síntomas.
Los mejores resultados se consiguen con un tratamiento médico correcto unido a terapias complementarias (fisioterapia, logopedia, atención psicológica, etc.). El tratamiento quirúrgico sólo está indicado en casos muy determinados.
Tratamiento médico
El tratamiento médico debe administrarse durante el resto de la vida del paciente y en todos los casos debe ser recetado y controlado por un neurólogo.
No hay dos pacientes que reaccionen igual y por eso suele ser necesario que transcurra cierto tiempo antes de poder determinar el tratamiento médico idóneo para cada persona. Además, los médicos suelen tratar inicialmente con medicamentos menos potentes y reservar el más potente para los momentos en los que los pacientes más lo necesiten.
Como la mayoría de los síntomas están producidos por la falta de dopamina, los fármacos empleados con más frecuencia intentan reemplazar a la dopamina o sus efectos, y de ese modo consiguen mejorar los síntomas de esta enfermedad.
El tratamiento médico se clasifica en medicamentos basados en la dopamina, agonistas dopaminérgicos, otros antiparkinsonianos y medicamentos anticolinérgicos.
Medicamentos basados en la dopamina
La levodopa es el tratamiento sintomático más utilizado actualmente. La levodopa se transforma en dopamina en el cerebro y sustituye su deficiencia.
Agonistas dopaminérgicos
Son fármacos que estimulan los receptores de dopamina favoreciendo su transmisión.
Otros antiparkinsonianos
IMAO-B: Impiden la degradación de la dopamina y, por lo tanto, aumentan su disponibilidad, potenciando y prolongando su efecto.ICOMT: Bloquean una enzima que degrada la dopamina y, por tanto, su administración junto a levodopa impide su degradación, aumentando su disponiblidad en el cerebro.
AnticolinérgicosFueron los primeros fármacos utilizados en el tratamiento de la enfermedad de Parkinson. Disminuyen la actividad de la acetilcolina (neurotransmisor con efectos opuestos a los de la dopamina).
Tratamiento quirúrgico
La cirugía tampoco consigue la curación de la enfermedad de Parkinson. Están indicada en pacientes menores de 75 años, con enfermedad de larga duración y con complicaciones derivadas del tratamiento médico. El tratamiento quirúrgico se divide en cirugía ablativa de lesión, estimulación cerebral y los injertos cerebrales (tratamiento en fase de investigación).
Cirugía ablativa Es una técnica muy limitada en la actualidad por ser menos segura que la estimulación. Son técnicas irreversibles.
Estimulación cerebralTécnica quirúrgica reversible que consiste en estimular una serie de núcleos cerebrales, con implantación de unos electrodos que se activan desde el exterior y que modulan y controlan algunos síntomas parkinsonianos.
Terapias complementarias
Los trastornos del movimiento comprometen mucho la capacidad de las personas para llevar una vida normal e independiente y además influyen de forma importante en las habilidades motoras aprendidas (caminar, hablar, escribir, girarse y levantarse de la cama, etc.).
Algunas de estas terapias complementarias son:
FisioterapiaSu objetivo es rehabilitar o mantener la funcionalidad del movimiento.
LogopediaRehabilitación de las alteraciones del lenguaje y la escritura.
Atención psicológicaIndicada en las personas con parkinson con depresión, ansiedad, insomnio, problemas sexuales, problemas de convivencia, etc.

RECETAS DE LA ABUELA

http://www.megaupload.com/?d=2Q7HH7Z0

HUMOR

Estaba un viejito sentado en un banco de una plaza, cuando un muchacho se sienta a su lado con los pelos tiesos y teñidos de azul, rojo, amarillo y verde.

El viejo se queda mirándolo un rato, atónito; hasta que el chaval le dice:
– Qué pasa gilipollas? ¿Qué miras con esa cara de tonto, nunca has hecho una locura en tu vida ?
A lo que el viejo, sin exaltarse, le contesta:
- Sí, una vez me emborraché y le hice el amor a un loro…. Y justamente me preguntaba…. No serás mi hijo?

MUY BUENA, ABUELO!!!!

“CARTA A LOS ANCIANOS” DE JUAN PABLO II




A los setenta y nueve años de edad, enfermo de párkinson, Juan Pablo II reconoce
que conserva el “gusto por la vida”, don “demasiado bello y precioso
como parar cansarse de él”. Lo dice el Papa en una “Carta a los ancianos” en
la que reflexiona sobre la complejidad de la vida y confiesa que siente “una
gran paz” cuando piensa que recibirá la “llamada del Señor”.
Juan Pablo II afronta desde una perspectiva común el tema de la muerte para
reconocer que no está exento de los temores que se asocian al final de la vida.
“También a nosotros, ancianos, nos cuesta trabajo resignarnos a la perspectiva
de este pasaje que sólo puede ser aceptado plenamente desde la perspectiva
de la fe”, escribe el Papa.
Analiza también en su exhortación la situación de olvido y abandono en que
viven muchos ancianos en nuestra sociedad.


“A pesar de las limitaciones que me han
sobrevenido con la edad, conservo el
gusto por la vida y doy gracias al Señor
por ella. Es hermoso poder gastarse
hasta el final por la causa del Reino de
Dios.”
“Al mismo tiempo encuentro una gran
paz al pensar en el momento en que el
Señor me llame: de vida a vida!”
“Cuando Dios permite nuestro
sufrimiento por la enfermedad, la
soledad u otras razones, nos da siempre
la gracia y la fuerza para que nos unamos
con más amor al sacrificio de su Hijo.”
“También a nosotros, ancianos, nos
cuesta resignarnos ante la perspectiva de
la muerte.”
“Concédenos, Señor de la vida, la gracia
de tomar conciencia lúcida y de saborear
como un don, rico de ulteriores
promesas, todos los momentos de
nuestra vida. Haz que acojamos con amor
tu voluntad.”




POESIA PARALOS ABUELOS Y PERSONAS MAYORES

Cabellos blancos, es recuerdo
un sin fin de vida
es el abrigo de un tesoro
de memoria y sabiduría
es una expresión de vanidad
de un cuento de nostalgia
por la mocedad perdida
Cabellos blancos de mi abuelo
cabellos blancos de mi papá
de cabellos blancos, también yo
son el símbolo de pureza
es la ley de naturaleza
volteas hacia el cielo
mirando a Dios y su Grandeza.

----------------

En tus años la dulzura del tiempo
miras con amor el camino andado.
En tus ojos se reflejan
el cariño de quienes te aprecian.

Quiero ser como tu
cuando me llamen abuela
quiero ser luz, faro y promesa
dejar en cada quien
mi afecto y mi huella.

Es un regalo del cielo
tenerlos como abuelos
son como dos estrellas
que iluminan mi sendero
y con sus manos de tiempo
endulzan mi crecer.

-----------------

Mi abuelo

Cuando era niño
mi abuelo me regalaba
sus costumbres de labriego,
la paz musgosa del invierno
y un volantín para septiembre.

Me enseñó
a hallar sonrisas
entre la gente triste
a cantar con los queltehues
un himno a la madrugada;
a correr
por los caminos sin huella
y trepar los columpios
del sauce en el estero.

Mi abuelo me regalaba
solamente
cosas buenas.
--------------------


Que pena es llegar a viejos.
Sin tener quien nos comprenda.
Los Hijos nos ven de lejos.
Los nietos no nos recuerdan.
Y con las piernas arrastras.
Y una terrible ceguera.
Caminamos paso a paso.
Arqueando las caderas.
Yo pido a la providencia.
Haber si de mi se acuerda.
Por que ya no puedo más.
Con esta horribles cadena.
Los hijos ya no nos quieren.
Los nietos ya nos desprecian.
Sin pensar que poco a poco.
Correrán la misma senda.
Nadie nos puede tener.
Tienen la casa pequeña
Pequeño es su corazón.
Y maltrecha su conciencia.
Y si por nosotros preguntan.
Ellos alegres contestan.
Llenos de satisfacción.
Están en la Residencia.
Es nuestra segunda casa.
Puesta por la providencia
En ella vivimos unidos.
En la alegría y la pena.
Esperando una visita.
De cariño que no llega.
Y si llega llega tarde.
Y el reloj parado queda.
Nos vamos para el otro mundo.
Agotados por la pena.








martes, 30 de marzo de 2010

LO COMÚN A TODAS LAS ENFERMEDADES






La unión de los términos envejecimiento y enfermedad no tiene por qué ser una constante, aunque sí es cierto que con la edad se van acumulando errores de toda una vida, que pueden alterar la salud. Por ello es muy importante la prevención y que ésta se realice desde edades tempranas. Cuando aparece la enfermedad en personas mayores, aumentan las posibilidades de que coincidan varias dolencias, lo que hace que una altere y potencie a la otra, y que sea necesario tomar varias medicinas a la vez. El cuerpo tampoco puede responder de la misma forma que antes, por lo que es muy probable que crezca el riesgo de que se pueda producir incapacidad si no se cuida de manera adecuada.

Trato con la persona mayor enferma

Cuando una persona mayor padece una enfermedad, tiene miedo, sobre todo a no sobrevivir y morir. Por ser mayor, se tiene la vivencia de la muerte de una forma más cercana que a otras edades más jóvenes y conocen la experiencia de otros conocidos que ya han fallecido, cuando no han sido sus propios cónyuges.

Las formas más comunes de comportarse ante la enfermedad son:

- Querer curarse. La mayoría se encuentra dentro de este grupo. Por ello las personas mayores suelen ser personas colaboradoras y agradecidas, siempre y cuando se les trate de la forma idónea.

- No quieren curarse. Esto es muy poco frecuente, puede que deseen morir, pero si esto es así se debe a que se consideran una carga tanto afectiva, como familiar.

- Quieren seguir enfermos para así manipular el entorno. Es poco frecuente, pero en algunas ocasiones, la persona mayor sólo ve esta situación como única medida de llamada de atención ante la falta de cuidados o afectividad por parte del entorno. Aquí los familiares deben saber cómo corregir esta situación. Un trato cariñoso constante y no sólo cuando están enfermos es una buena solución.

Algunas recomendaciones útiles para los cuidadores en relación con las personas mayores enfermas son:

- Intentar comprenderle, es decir, ponernos en su lugar, para así poder entenderle mejor.

- Nunca hay que gritarle. Se le debe hablar siempre en tono normal, mirándole a la cara, y con contacto físico (dándole la mano, suaves caricias en el dorso, etc).

- Es tan malo el pesimismo como el optimismo. Una visión realista, positiva, es la mejor forma de afrontar sus problemas.

- Aunque es importante hablar con las personas mayores enfermas, lo más importante y lo más difícil es escuchar, escuchar sin prisas y sin críticas.

- Todo lo relativo a la persona mayor, sobre todo a la de más edad, al igual que ocurre en el caso de los niños de menor edad, requiere paciencia, entre otras cosas porque la curación y la recuperación necesita más tiempo que en otras edades. Con impaciencia no alcanzará nada.

- Como se ha comentado con anterioridad en otros capítulos, no es conveniente hacer las cosas que precisen más de lo necesario.

- Hay que ayudarles lo justo, hacer lo que no puedan y dejarles cuando ya lo pueden hacer. Por ejemplo, podemos servirle y cortarle el pan, el filete, pero dejar que ellos se lo lleven a la boca.

- El respeto de su intimidad es fundamental. Todo lo referido a la higiene corporal es siempre un daño a nuestro pudor, por lo que el respeto en este sentido es básico. Que el cambio de pañales o el baño se haga en intimidad ayuda a demostrar el respeto que se tiene por la persona a quien se cuida.


DEPRESION

Depresión

Es una enfermedad de alta frecuencia en las personas mayores, al menos el 10% la padecen. En la actualidad la depresión tiene la ventaja de que goza de una muy buena respuesta al tratamiento farmacológico, con lo que mejora así su calidad de vida.

Es un error achacar a la vejez los síntomas de la depresión, es decir, tristeza, desesperanza, falta de estímulo, insomnio, falta de apetito, no querer estar con personas o familiares. Si aparece cualquiera de estos síntomas, hay que pensar que no es por la edad y que puede ser por una depresión.

En el capítulo 8 se expone el test de Yesavage que se puede pasar para evaluar si la persona mayor a quien atendemos se encuentra deprimida o no. En cuanto aparezca cualquier síntoma de los descritos anteriormente, utilice esta prueba y si es positiva, remítala al médico de familia para que una vez valorado, lo deje en manos del geriatra o del psiquiatra para evaluar cuál es el mejor tratamiento.

El tratamiento.

Es fundamental no asustarse por las contraindicaciones de los antidepresivos, puesto que son fármacos que tienen demostrada su utilidad. Hay que esperar 15 días o más para ver su beneficio y mantenerlos el tiempo que el médico estime oportuno. Junto con la toma de la medicación es necesario, a la vez, corregir las causas que han motivado la situación que le ha llevado a la depresión. El apoyo de la familia y amigos es fundamental.

El trato con la persona mayor deprimida debe basarse en la paciencia y en la comprensión de una situación de alteración del ánimo, por lo general reactivo a alguna causa de enfermedad y que le han abocado a la dependencia de otra persona, con el consiguiente sentimiento de carga, que, junto con la soledad y el aislamiento, le llevan a preguntarse sobre el sentido de su vida. La integración en la familia, la huida del aislamiento y de la soledad son sin duda medicaciones tan importantes como los antidepresivos, y con mejores resultados.

Hay que recordar que cuando se toman antidepresivos es necesario: evitar conducir o hacerlo lo menos posible, por riesgo a la somnolencia y alteración de los reflejos, que conlleva también un aumento del riesgo de caídas.

El suicidio.

Las personas mayores son las que más se suicidan. Cuando una persona mayor alude de forma crítica a que se quiere quitar la vida, lo primero que se debe hacer es tomarlo en serio, no reprimirlo, dejar que exprese sus sentimientos de desesperanza, de carga, de culpa, y poner los remedios urgentes para evitar que puedan consumar sus ideas. Uno de los primeros es un envío urgente al psiquiatra. El psiquiatra será sin duda quien valorará el riesgo o no de consumar su amenaza y los remedios a poner en práctica cuanto antes.